Si caemos presos, mándenos pudín. Por: Manuel Vázquez Portal

articulo publicado en el Nuevo Herald,  en febrero de 2007

La casa de Oswaldo Payá Sardiñas era un hervidero, pero Beba, la  tía de Payá, y un poco la madre de todos, no olvidaba alimentar, a como pudiera, a sus muchachos. Y fue cuando Regis, relamiéndose aún, le dijo en tono de chanza:

–Si vamos presos, Beba, no se olvide de mandarnos pudín.

Las primeras bombas estallaban en la tierra de los sumerios. Quizás Babilonia se estremecía por los estruendos. Tal vez la fuente de Sherezada volaba en pedazos en el centro de Bagdad. En La Habana, el joven Regis Iglesia tomó el platillo que le brindaba Beba. Sin pausa pero sin prisa, paladeó cada cucharada. Las manos de la anciana eran expertas en fabricar aquel dulce casero. Tenía acostumbrados a sus muchachos a ese tipo de chucherías hechas con más amor que ingredientes. Era miércoles 19 de marzo de 2003.

Tony Díaz Sánchez casi se marchaba cuando Beba apareció con una bandeja en la que traía tres pozuelos con pudín y tres vasos de agua. Tony agradeció el brindis porque desde por la mañana sólo había tomado algunos tragos de café.

Aquella noche serían arrestados. Pero no estaban asustados. Más bien ponían los nervios en fila para que a la hora de los mameyes no se desordenaran. En los calabozos del cuartel general de la policía política cubana ya había más de cuarenta detenidos. Ellos habían usado todo el día visitando a los familiares de los apresados, recopilando información y cotejando las listas con los diferentes medios de prensa a que tenían acceso. Se había desatado la ola represiva más delirante de cuantas emprendiera el gobierno contra la oposición pacífica.

La casa de Oswaldo Payá Sardiñas era un hervidero, pero Beba, la tía de Payá, y un poco la madre de todos, no olvidaba alimentar, a como pudiera, a sus muchachos. Y fue cuando Regis, relamiéndose aún, le dijo en tono de chanza:

–Si vamos presos, Beba, no se olvide de mandarnos pudín.

Y no lejos, en la misma barriada del Cerro, en casa de Reynaldo Hernández Cardona, el Partido Liberal Democrático Cubano se reunía de urgencia para trazar la estrategia y la cadena de mando, una vez que ya había sido aprisionado Osvaldo Alfonso Valdés. Héctor Maseda Gutiérrez estaba al mando, pero ya en su piel calambreaba la sensación de encierro que padecería esa misma noche. Era la hora de los arrestos. De los interrogatorios absurdos, de los absurdos juicios sumarios.

Gloria Amaya, allá en Matanzas, no daba abasto para preparar tantas bolsas de aseo para sus hijos Guido y Ariel. Su otro hijo, Miguel, ya se pudría para entonces en una celda. Pero desde su pequeñez de cuerpo se alzaba la fuerza de una gigante del amor.

Cuatro años y cinco meses después, cuando aún las bombas en Irak hacen tambalearse los tabiques de la memoria, la lenta agonía de Fidel Castro tiene en alerta a todas las agencias periodísticas y Hugo Chávez pretende eternizarse en el poder, permanecen encarcelados 59 de los muchachos de Beba, los muchachos de Maseda, los muchachos de Gloria Amaya.

Pareciera que olvidados, sepultados bajo la algarabía de las próximas elecciones en Estados Unidos, el terremoto en Perú, las inundaciones en Asia, el cierre de Radio Caracas Televisión en Venezuela, pero ellos mismos se han encargado de alzar sus voces sobre el escándalo mundial. Ha llegado la hora de los libros.

Tony Díaz Sánchez, desde la misma cárcel, acaba de publicar el suyo con el escalofriante título de 690, el número con que le arrebataron su nombre de pila la noche en que entró al cuartel de la policía política, y en el que narra con serenidad y lucidez sus vivencias de horribles pesadillas, gracias a la ayuda del Centro Internacional Democristiano y la Agencia Sueca de Cooperación Internacional.

Héctor Maseda Gutiérrez puso por nombre al suyo: Enterrados vivos, y acaba de echar a andar por Cuba y por el mundo con el esfuerzo del Grupo de Apoyo a la Democracia que lo editara después que su esposa Laura Pollán lo hiciera llegar.

La editorial Aduana Vieja, allá por España, también ha puesto a vibrar las voces de Ricardo Gonzáles Alfonso y Regis Iglesia con sendos libros de poemas. La editorial italiana Il Floglio se ha encargado de una antología en la que resuenan los versos de Omar Ruiz. Y la editorial Nueva Prensa Cubana ha recopilado las fotos de Omar Rodríguez Saludes y las ha mostrado en un folleto por todos los rincones del mundo.

Si las autoridades cubanas en su afiebrada estrategia pensaron que las bombas en Irak acallarían las voces de estos hombres dispuestos a no hacer silencio frente a los atropellos, volvieron a equivocarse. Es la hora de la historia contada por ellos mismos. La hora de los hombres verdaderos y de los libros verdaderos.

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