ZoePost. Cuba, Déjà vu. Por Regis Iglesias. Portavoz MCL

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Cuando Estados Unidos decidió finalmente en 1898 involucrarse directamente en el conflicto entre independentistas cubanos y el integrismo español llegaban tarde y mal. Habían pasados cincuenta años ya desde que en 1849 iniciaron los primeros escarceos  bélicos y alzamientos en armas contra la corona y varias peticiones para que Washington se involucrara, fuera con su creciente poderío militar o con su dinero y una vez adquirida la isla de Cuba, previa negociación, y pago a España, hacer válida la separación política de la metrópoli que entonces dependía en buena medida de la rica y próspera colonia, el último vestigio importante de un imperio que por más de 300 años había dominado el nuevo mundo occidental.

Estados Unidos apostó a hacer las cosas a su manera, ignorando el pedido y los intereses de los patriotas cubanos abocados al independentismo más que al anexionismo por los desencantos y la cuota de sacrificios que su decisión de terminar el opresivo y asfixiante gobierno de España imponía a la isla.

El ejército, el pobre Ejército Libertador cubano,  en 1898 dominaba los campos pero no podía, porque la insolidaridad de sus vecinos al norte y al sur, al este  y el oeste, negó los recursos de guerra necesarios que hicieran a la metrópoli  desistir de intentar derrotar por el hambre y la fuerza de sus cañones el anhelo de Cuba de ser independiente.

Estados Unidos, como sí tímidamente algunos países de Sudamérica en la Guerra de los Diez Años,  jamás reconoció los distintos gobiernos de la República en armas de los cubanos y sólo negocio con algunos de sus representantes en el exilio, y puntualmente con algún jefe militar al momento de decidir su entrada en el conflicto con España, para dar apoyo a sus tropas en el terreno, y más tarde para desarmar al harapiento, pero digno combatiente mambí y así pacificar la isla una vez lograda la victoria. Victoria rápida ante un rival que podía cebarse contra los grupos de valientes y decididos patriotas, pero era miserable para enfrentar el poderío naval de la gran República del norte.

Los cubanos no tuvieron representación ni en los acuerdos de paz que en París, finalmente consiguieron la aniquilación oficial del otrora orgulloso imperio español. Por su parte la madre patria vengó la infidelidad de la que creía su «siempre fiel» posesión aceptando ese portazo, en aquellos acuerdos, a quienes le habían combatido por más de 50 años.

Los cubanos por su parte sólo pudieron recordarle a sus circunstanciales aliados, que tal como había declarado un tiempo antes el Congreso en la Joint Resolution: «Que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente…»

Está exigencia, a pesar de las condiciones con que finalmente se aceptó en 1902 la independencia de Cuba y su incorporación al concierto de Naciones libres, distinguió el estatus diferencial de los Estados Unidos a los cubanos respecto a Puerto Rico o Filipinas.

La carta para iniciar el nuevo periodo histórico cubano fue ofrecida a un exiliado al que todos reconocían su limpio proceder, su prominente hoja de servicio a Cuba desde 1868, al hombre que José Martí encargó el partido que para apoyar la guerra que dentro de la isla los jefes militares y la organización política sostuvieron en condiciones muy precarias. Don Tomás Estrada Palma, el mismo que no fuera reconocido ni apoyado, como Presidente por Estados Unidos cuando en 1876 fue elegido en los campos de Cuba por las fuerzas insurrectas, ahora, casi 30 años después de destierro era señalado como el indicado por sobre el gobierno y la Asamblea que se habían dado los insurrecto dentro de Cuba.

Los patriotas iban apurados ya por alcanzar la soberanía. Cansados por años de guerra sin cuartel frente a España, e impotentes frente a las decisiones de Washington aceptaron cada decisión tomada por el Congreso norteamericano.

Pero Cuba fue libre, no importa cuán lastrada fuera esa libertad.

De la Enmienda Platt nos libraríamos en 1934, antes que en 1939 el último gobierno encabezado por la generación de libertadores fuera historia, quizás como postrero servicio al país de quienes dejaron pervertir todo el heroísmo y sacrificio que por la libertad habían mantenido en las privaciones de la vida de campamentos en la manigua, con el arrojo con que ante el enemigo ofreció su vida.

España también jugó mal y egoístamente sus cartas. La sangría, la destrucción de la isla de Cuba podía haberse evitado desde que las primeras voces sensatas advirtieron en propias cortes españolas el peligro de tanto desprecio por el espíritu emprendedor y libre de los cubanos.

Si en vez de en 1897 en 1867 se hubieran escuchado las propuestas de la Junta de Información posiblemente treinta años de muerte y miseria se hubieran evitado a los cubanos, también a los españoles que de dos soldados que enviaban a Cuba durante el último conflicto bélico regresaba vivo a la península uno. Las enfermedades y la guerra también desangraron a España. Tarde y mal, el «cambio fraude» de entonces, la corona admitió autonomía para la isla y alguna libertad de prensa y partidos afines a continuar de una u otra manera unidos a España. Pero ya eso no era suficiente.

Siempre he pensado que la historia son ciclos que se repiten y que por no estar atentos lo peor de cada uno de ellos vuelve como una maldición que nos impide buscar y encontrar de una buena vez la felicidad.

Las potencias y las no tan potencias siempre velan por sus intereses. Todo pueblo que se valore a sí mismo debe hacerlo independientemente de su dimensión geográfica y número de sus habitantes. Ejemplo de esto son Israel, Suiza y muchos pueblos menores en extensión geográfica.

La tiranía que por 61 años ha robado la soberanía popular a los cubanos muchas veces ha presumido de ser independiente y de dar a Cuba un lugar relevante en el tablero internacional. Esto es una falacia más de ese estado de opresión. El régimen prestó a Cuba como peón de los intereses hegemónicos de la Rusia soviética, dio su territorio para que en él instalaran misiles atómicos contra Estados Unidos, permitió bases militares rusas que espiaran a Estados Unidos, y sus escrúpulos soberanos fueron pocos cuando sin previo aviso retiró la potencia esos misiles y quería, una vez derrumbado su imperio, retirar su base de Lourdes como estaba haciendo tras todo el antiguo telón de acero, de donde desmontó a inicio de los años 90 del pasado siglo sus bases y retiró su dominadora presencia militar.

El régimen no tuvo reparos en enviar tropas como cabeza de turco a cuanto conflicto enfrentaba a sus amos de Moscú en el mundo con los Estados Unidos y sus aliados, incluso contra la otra potencia militar comunista, China, que en África quiso imponer su presencia entrando en conflicto con el Gran Hermano soviético.

Fidel Castro y su banda de secuaces jamás fueron ni han sido patriotas. Patrioteros sí.

Les vendieron a los cubanos un chovinismo ridículo mientras nos han mantenido sometidos y pobres todas estas largas décadas. Pero estamos en pleno siglo XXI. El régimen se recicla a sí mismo para no tener que cambiar nada o no cambiar lo fundamental que es la falta de derechos, la falta de soberanía popular de los cubanos. El régimen propone e impone sus condiciones y hasta muchos disidentes, algunos por ignorancia y otros por oportunismo le hacen el juego. ¿Qué sino fue llamar a participar en la votación por una constitución ideal para sus «cambios fraudes» o por mantener una ya obsoleta para su Estado represivo? Legitimar el método de represión ya sea nuevo, o el de toda la vida.

¿Qué cosa es la ceremonia de la confusión de la tiranía donde se exalta a supuestos contrarios que no tienen propuestas capaces de poner en jaque la tiranía? ¿Qué cosa sino es intentar participar con media docena de personas en votaciones para cargos locales no legislativos por lo tanto inútiles para proponer y trabajar por los cambios que necesita el país? ¿Qué sino ha sido el resaltar propuestas que no cuentan con el pueblo, que no ponen en manos del pueblo la solución?

Y, del otro lado de la valla o del mar ahí están los que para no dejar en manos de los cubanos la solución y aparentando solidaridad, dan su apoyo a lo inviable, a lo nulo o crean la inutilidad para mantener entretenidos a los ingenuos entusiastas sabiendo que por lo pronto no tendrán que comprometerse teniendo el control de la situación y dedicándose a lo que les apremia en realidad como Estados.

Cuba puede esperar, los cubanos pueden seguir bailando, bebiendo, creyéndose empoderados por cuatro cafeterías de mala muerte y tres posadas pulgosas. Con eso van resolviendo mientras los más afortunados reciben remesas y recargas de sus familiares y amigos en tierras de libertad, para ver cuando les sobra tiempo a la de ignorantes pretenciosos, los listillos que ven el filón, explicarle desde Internet como les van a liberar si por supuesto ellos en la isla se enfrentan a las fuerzas represivas de la tiranía más longeva de occidente.

Todos han aprendido a vivir o sobrevivir por estos años finales, también la nueva generación de oportunistas dentro y fuera de la isla ha aprendido la lección de cómo se flota sobre estiércol, nacional o foráneo, a veces en ambos.

Nada es nuevo bajo el sol y este ciclo es calco de 1990, 2000, 2010, sólo que con diferentes actores cuando no resultados.

Por eso a quienes nos urge Cuba, nos debe preocupar por sobre todo la propuesta de proyectos de regeneración nacional. Proyectos que devuelvan la soberanía al pueblo cubano, que ponderen la cultura, la historia, los valores que estuvieron en los cimientos de la nación cubana por los cuales dieron todo, sus vidas y sus fortunas muchos patriotas nobles que también tuvieron que lidiar con oportunistas, marionetas del poder, inútiles peones movidos por los tiranos y los intereses ajenos disfrazados de generosidad.

Es el momento de centrarnos en la libertad de Cuba y la reconstrucción del alma cubana, pero sin perder de vista y denunciando más que a los actores los actos para que no puedan confundir ni engañar más.

Es hora de superar este permanente ‘déjá vu‘que nos mantiene intoxicados, tropezando en círculos, perdidos en el corredor sin poder salir, sin poder encontrar la salida.

Régis Iglesias Ramírez es poeta y escritor, expreso político del Grupo de los 75 de la Primavera Negra de Cuba. Portavoz del Movimiento Cristiano Liberación (MCL).

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