NUEVO HERALD: Nación ante el espejo. Por REGIS IGLESIAS( Portavoz del MCL)

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Siempre la mejor manera de eludir nuestros problemas y, dígase lo que se diga, la manifestación más engañosa de populismo es aquella que descarga en otros la responsabilidad que tenemos como individuos y como pueblos.

El dilema al que nos enfrentamos los cubanos va más allá de insistir una y otra vez en el mismo prisma ajeno que distorsiona inevitablemente nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

Si continuamos poniendo nuestras esperanzas mirando a Europa, Estados Unidos o América Latina irremediablemente tendremos de rebote las recetas que por decisiones ajenas de pensantes lejanos querrán sugerirnos, quizás, con un leve tono paternalista.

Ninguno de los pasados, presentes o por llegar inquilinos de la Casa Blanca, la Moncloa, la Villa Hammershmidt, Miraflores, la Ciudad Prohibida, el Kremlin o si lo prefiere el número 10 de Downing Street, tiene en su agenda política como prioridad nuestros problemas, ni se preocuparán nunca de fomentar la solidaridad con nuestro pueblo por encima de los propios intereses de sus Estados, lo cual, dicho sea de paso, es muy lógico y comprensible.

Ninguna de las grandes y prestigiosas instituciones amigas de los demócratas cubanos como el National Endowment for Democracy, la Fundación Konrad Adenauer, la Agencia de Cooperación Internacional Sueca, People in Need, por citar algunas, tienen la receta mágica para los problemas que enfrenta el movimiento democrático cubano ni les toca, como desafortunadamente en ocasiones vemos, sugerirnos pautas según sus propios criterios respecto a lo que queremos y lo que debemos hacer para caminar la ruta de la libertad.

No es igual acompañamiento que guía, no es lo mismo solidaridad que delicada imposición de cánones, estrategias, liderazgos virtuales. No es igual apoyo a quien ha aprendido a caminar en medio de rocas dentadas por sus derechos, que pautar nuestro propio paso.

La Posición Común Europea, por ejemplo, nunca dejó de ser una idea con buena intención de políticos europeos amigos para dar un espaldarazo al movimiento civilista de la isla. Pero no se puede hacer nunca una propuesta que a la larga no defina un objetivo concreto, como la derogación de las leyes que coartan las libertades individuales y colectivas, la celebración de un plebiscito como legalmente han apoyado miles de cubanos o la celebración de elecciones libres y plurales en medio de un clima de respeto a los derechos, porque siempre habrá subterfugios luego para burlar la noble intención original.

Esto no quiere decir que estemos contra el diálogo que aquella ya fenecida “posición común”promulgara. El diálogo es la manera civilizada en que terminan todos los conflictos entre partes desencontradas. Así fue como se desmotó la Cortina de Hierro en Europa del este o se concretó el cambio en Chile, Sudáfrica o El Salvador, con aisladas excepciones que confirman la regla. Por cierto que los cubanos tenemos entre nuestros héroes más admirados a algunos de aquellos líderes y movimientos pero aún somos incapaces de reconocer en su magnitud a figuras como Oswaldo Payá y su trabajo por los derechos de los cubanos.

Lo que ha sucedido, vuelvo a la iniciativa que en el Viejo Continente promovió hace unos años José María Aznar, es que durante la última década no se ha llevado a cabo un diálogo con Cuba, que somos todos, sino que se han sentado los señores europeos a escuchar las reprimendas del delincuente por llamarles ellos diplomáticamente a la cordura y han terminado por ignorar al pueblo, por ignorar a los demócratas para entrar en componendas con su verdugo. Esto les hace cómplices.

Una vez le dije al presidente Bush, quien gentilmente nos recibió en Dallas, que “los cubanos no acepamos se nos impongan ni líderes ni proyectos” que nosotros ya teníamos “líderes a quien seguir y proyectos en los que trabajamos por nuestra libertad”. Muchas veces he repetido a instituciones amigas que la solidaridad no es irresponsable ni podemos aceptar que las buenas intenciones nos allanen el camino al infierno. En una ocasión un funcionario profesional de estas instituciones en Estados Unidos me confesó tranquilamente que ellos en su día apoyaron al sindicato polaco Solidaridad y también a los “anti-Solidaridad” en los convulsos y decisivos años 80. Es un modelo que parecen copiar algunos cubanos desde Miami, que son, por decirlo en el argot presidiario de la isla, “amigos del muerto yambias del matador”. Todo me suena más a oportunismo, a buscar la mejor posición para el último acto, todo luce muy falso, muy fraudulento y de fraude va el régimen cubano.

Cuba no es Polonia, no es Checoslovaquia, Filipinas, no es Sudáfrica, Chile, Egipto, Túnez, Libia o Venezuela. Los cubanos tenemos nuestra propia realidad, nuestros propios problemas y retos que superar. Si no nos concentramos en nuestra propia modorra moral, nuestra propia experiencia, que alguna tenemos luego de tantos años de luchar por nuestros derechos secuestrados, no podremos avanzar con entusiasmo cándido o pasiones de neófitos libertarios.

Nuestra realidad es compleja, tanto como lo puede ser la de cualquier pueblo, pero es necesario dejar de buscar soluciones fuera del espacio que limita nuestras costas geográficas aunque bebamos de cada experiencia ajena lo más útil y viable para nuestro camino. Tenemos que mirarnos al espejo, a nuestro propio espejo y aprender más de como somos.

Portavoz del Movimiento Cristiano Liberación. Fue desterrado a España en 2010 luego de siete años y medio en prisión.

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