“¿Qué nos dejan los soñadores?” por Pilar Ponce Velasco, Asesora de Educación, Cultura y Deporte y ex-cooperante en África.

REVISTA ANOCHE TUVE UN SUEÑO. Nº 11.
SECCIÓN FIJA BLOC
481750_10151381545089052_326072246_nPese a tener algunos meses de publicado no queremos dejar de hacerlo nosotros en nuestra pagina este  articulo de nuestra amiga Maria Pilar Ponce para la REVISTA ANOCHE TUVE UN SUEÑO. Nº 11.
SECCIÓN FIJA BLOC, gracias Maria Pilar, amiga!
Cuando un soñador muere nos deja dos cosas: su sueño y la misión de cumplirlo.
Hace unas semanas murió un buen amigo, uno de los grandes soñadores que he conocido: Oswaldo Payá. Recuerdo una cena en su casa, en la que nos hablaba y nos hacía vibrar con sus sueños. Mencionaba batallas ganadas, como el Proyecto Varela; o el esfuerzo que supone hacer soñar a las personas y la recompensa que da; la alegría de llevar un mensaje y de hacer que la gente recobre la ilusión y se crea capaz de cambiar el mundo, al menos “su mundo”. Otro buen amigo, bastante escéptico, por cierto, que estaba presente en aquella cena, repetía: es un Quijote, ¡este tío es un Quijote! Lo cierto es que mi mayor satisfacción aquella noche fue verlos creer en un sueño y sentir como la ilusión y las ganas de hacer cosas grandes fluían en aquel salón.
Pues sí, mi amigo era un Quijote de sueños, alguien que te pone los pelos de punta cuando le oyes hablar y que te traslada a mundos idílicos, utópicos, perfectos, sólo dignos de soñadores.
Hoy en día no encontramos muchos soñadores a nuestro alrededor. ¡Ah! ¡Sí! En esta revista hemos tenido la suerte de encontrarnos unos pocos… ¡Al menos! Algo es algo… Pero lo habitual, no es soñar, sino encontrar dificultades, ciertos temores, un poquito de desidia, algo de pereza y un “extraño” componente de acomodo. Una de mis “no-madres”, cuando la hablo de viajes y trabajos estrambóticos, siempre me dice lo mismo: “¿dónde vas que mejor estés?”. Y yo siempre la respondo igual: “Ama, voy ahí fuera a soñar un rato, que hay mucho que hacer”.
Hace unos años, en una entrevista, dije que “los sueños están para cumplirlos” y que ahora tenemos más herramientas que nunca para hacerlo. Me reitero: es el momento de arriesgarse a cumplir los sueños, los propios y los que vamos heredando de los grandes soñadores y que acabamos por hacer propios. Sin embargo, el miedo nos puede, el temor al fracaso, la
falta de ambición… y nos dejan sentados en nuestros sofás, sin ser capaces de salir a cumplir grandes sueños que cambien el mundo… o pequeños sueños que ayuden a los que nos rodean. Tenemos que atrevernos a soñar, a vivir, a luchar y a defender aquello en lo que creemos.
Oswaldo soñó, salió ahí fuera y luchó. Y nos hizo a todos partícipes de su lucha, soñadores como él, creyentes en un mundo mejor y en la bondad del ser humano que un día movería el mundo y haría cambiar las injusticias en justicias y las prisiones en libertad. Él, como todos los soñadores, nos dejó una misión: cumplir su sueño. Eso hizo a Oswaldo alguien eterno: decía Pitágoras que somos mortales por nuestros temores e inmortales por nuestros deseos. Sus grandes deseos y sueños le han hecho inmortal y transmiten, a los que le conocimos, la responsabilidad de cumplirlos.
Tal vez no estemos a la altura de los grandes soñadores y estrategas, pero sí tenemos la capacidad de cambiar cosas, pequeñas y grandes, en nuestros entornos, que ayudan a cumplir esos grandes sueños. Lo primero, no dejar nunca de soñar. Por ti, Oswaldo, sigue vivo el sueño de libertad.

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