Fraternidad en la Verdad. Por Ofelia Acevedo
Por el día de tu cumpleaños
Ayer 28 de febrero mi esposo Oswaldo Payá cumpliría 61 años de edad. Acostumbrábamos a celebrarlo en familia y con los amigos que han permanecido siempre. En esta ocasión, y por primera vez, lo celebrábamos su familia con los amigos que han permanecido siempre, en una íntima y hermosa eucaristía, con sus restos mortales como testigo y con su presencia espiritual en medio de nosotros. Todos los que estábamos allí sabíamos que eso era así.
Ayer también supe que en Madrid nuestra hija Rosa María al fin había logrado entrevistarse con Ángel Carromero, el joven político español que conducía el auto donde viajaba mi esposo y Harold Escalante. Cuán importante era para mi familia esa entrevista que comencé a reclamar desde el primer contacto que tuve con aquel oficial de Criminalística, que dijo ser el Mayor Sánchez (en los predios del Instituto de Medicina Legal), aquella tarde que jamás olvidaré del 23 de julio de 2012, a quien mandaron desde Bayamo con el cadáver de mi esposo. A él claramente le expresé que yo quería entrevistarme con los sobrevivientes, que yo tenía ese derecho. Él mismo puede confirmarlo, así como todos los que han visto la filmación que, mientras transcurría la breve entrevista, nos hacía un agente con una cámara de video, casi encima de nosotros. También solicité me permitieran entrevistarme con los sobrevivientes a los embajadores de España y de Suecia en reiteradas ocasiones, aunque me hicieron saber que no estaba en sus manos. Nunca los secuestradores de Aron y Ángel me permitieron encontrarme con los sobrevivientes.
Ahora fue que nuestra hija, al encontrarse en Madrid, pudo ver personalmente al valiente joven español, que fue víctima durante cuatro meses del mecanismo de terror de la Seguridad del Estado cubana, y que una vez en España, continúa siendo víctima de turbas feroces llenas de odio, alimentadas sabe Dios con qué mentiras, que lo amenazan y atemorizan. Él es víctima también de actitudes arbitrarias y desvergonzadas de sectores que responden a siniestros intereses, aparentemente desconocidos que lo maltratan y tratan de desvirtuarlo. No entienden que a quien tiene una conciencia limpia y libre no pueden callársela, ni comprársela, porque esa conciencia es la voz de Dios.
Carromero le ha confirmado a nuestra hija lo que supimos desde el primer momento por los mensajes de texto que ellos mismos habían hecho llegar a Estocolmo y Madrid: un carro los embistió y los sacó de la carretera, a él y al joven sueco los sacaron e introdujeron rápidamente en otro carro, y mi esposo Oswaldo Payá y nuestro querido Harold Cepero estaban vivos hasta ese momento. Nunca chocaron contra árbol alguno, nunca ocurrió el accidente de tránsito, por ahora no sabremos en qué lugar de nuestra geografía a mi esposo y a Harold les arrancaron de esta vida. Lo que en adelante sucedió solo lo saben los agentes de la Seguridad del Estado que provocaron el hecho y dieron cuenta de sus vidas, y alguien muy importante, el Señor de la Historia, El siempre presente, Él a todos nos juzgará un día.
Oswaldo y Harold ya no están físicamente entre nosotros, y recuerdo ahora aquellas palabras que proféticamente pronunciara un día Mons. Oscar Arnulfo Romero, sabiéndose amenazado de muerte: Resucitaré en el pueblo. Lo mismo ocurrirá aquí, más temprano que tarde. Ellos y otros que generosamente han perdido sus vidas en esta lucha por los derechos y la democracia para Cuba, Resucitarán en su pueblo. Pero está vivo su mensaje de amor. Su propuesta de cambios auténticos, su generosa búsqueda de la verdad y la justicia para todos, quedó plasmada en el documento El Camino del Pueblo, que miles de cubanos dentro y fuera de Cuba han apoyado y siguen apoyando con su nombre, y que hoy los miembros del Movimiento Cristiano Liberación junto a otros opositores se encargan de difundir en medio de la represión, la vigilancia, el acoso y las amenazas.
Este camino es una alternativa política concebida para que solo a los cubanos les correspondan verdaderamente diseñar, decidir y construir su futuro, pero requiere de generosidad, humildad y amor a nuestro prójimo, como lo sentían Harold y Oswaldo: Nuestro prójimo es el cubano de hoy, aquí y ahora. Esta es la única vía de desarmar el compendio de odio, mentiras y maldad que durante tanto tiempo ha imperado en nuestro país.
Sabemos cómo manipulan, crean falsos opositores, u organizaciones, controlan medios de comunicación, difaman, mienten, ofenden, tratan de desprestigiar, dividir y exacerbar los peores sentimientos que puedan las personas sentir, pero nada podrá detenernos si permanecemos fieles y unidos en estas intenciones: ser todos protagonistas de los cambios hacia la libertad y la paz, hoy y ahora. Hoy nos están convocando la verdad, la justicia y la fraternidad para que más allá de nuestras propias miserias marchemos todos por este camino.
Ahora estamos en un claro momento para observar estos eventos de los que hablabamos. Las desgarradoras palabras de mi hija, después de su encuentro con Ángel Carromero.
Hasta hoy esos mismos medios en su mayoría están callados, como esperando órdenes para ver cómo enfrentan el hecho, porque ya es un hecho. Otras personas no se dan ni por enterados de lo que está pasando, ganando tiempo para medir su intervención. Otros ya comenzaron sus andanadas de injurias, mentiras, vomitando odio y maldad, se encuentren en Madrid, Miami, La Habana u otras partes del mundo. Es fácil reconocerlos por el lenguaje soez con que expresan sus infamias. Uno de los efímeros éxitos de las maniobras de la Seguridad del Estado es lograr matar la solidaridad, evitar a toda costa la fraternidad, principalmente entre los cubanos.
Hoy comentaba a un periodista de una emisora de radio en Miami que llamó a casa, lo que yo creo es más importante, lo que da sentido pleno al sacrificio de nuestros mártires y que mi esposo expresara en su discurso en Estrasburgo, cuando recibió el Premio Sajarov: La primera victoria que podemos proclamar es que no tenemos odio en el corazón, por eso decimos a quien nos persigue y a los que tratan de dominarnos: Tú eres mi hermano, yo no te odio, pero ya no me vas a dominar por el miedo. No quiero imponer mi verdad, ni que me impongas la tuya, vamos juntos a buscar la verdad. (…) Los cubanos (…) no podemos, no sabemos, y no queremos vivir sin libertad.
Seguir pacíficamente este camino es el Camino del Pueblo.
La Habana, 1 de marzo del 2013 Ofelia Acevedo Maura
Miembro del Consejo Coordinador del M.C.L.
Publicado: 4 Marzo 2013 en Artículos Oswaldo Payá y M.C.Liberación.
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