LAGACETA: EZEQUIEL MORALES, TORTURADO EN CUBA- La otra víctima del juicio a Carromero

  • ezequielGACETA.es habla con Ezequiel Morales, disidente que pasó 50 horas en los calabozos de la Policía política de Cuba, de los que salió con una rotura de menisco.

  • A sus 49 años, Ezequiel Morales está en posesión de un largo currículum de oposición al castrismo. Ya en la década de los 80, cuando trabajaba como jefe de sala de un restaurante fue despedido por no querer afiliarse al sindicato oficial del ramo. “El sindicalismo en Cuba es un fraude”, se atrevió a decir. Probó fortuna construyendo túneles; también le echaron. Hoy -la economía de la isla bordea el precipicio desde hace años- se mantiene a duras penas como zapatero en su ciudad natal de Puerto Padre, un municipio de la provincia de Las Tunas.

    Estas dificultades no han sido óbice para que Morales haya desarrollado una intensa actividad militante a favor de las libertades. Empezó en el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba, afiliado a la Fundación Andrei Sajarov. Sin embargo, hacia 1999, se involucró fuertemente en el Proyecto Varela, impulsado por Oswaldo Payá y el Movimiento Cristiano Liberación (MCL). “Las bases del partido en el que militaba eran muy buenas pero la proyección y características del MCL están mucho más imbricadas en mi vida”.

    Tan imbricadas que en enero de 2003 fue encarcelado por unos supuestos delitos de desacato y desobediencia y condenado a 27 meses de cárcel. Aquel año fue trágico para la disidencia cubana: en abril el régimen desató una ola represiva de tal magnitud -conocida como la Primavera negra- que obligó a la Unión Europea a decretar un paquete de sanciones económicas. El castrismo no flojeó: Morales estuvo tras los barrotes hasta febrero de 2006.

    Represión refinada

    Pero como no hay mal que por bien no venga, la privación de libertad intensificó su compromiso con el MCL hasta el punto de que “mi liderazgo en Las Tunas se acrecentó”. Como consecuencia, en la misma cárcel, se le abrió otro juicio: por posesión de armas, nada menos. “Tenía muchos más testigos que ellos; aún así una farsa de tribunal me condenó”.

    Con o sin farsa, lo cierto es que Morales ha sido detenido una quincena de veces entre 2006 y 2012; la penúltima el pasado marzo con motivo de la visita del papa a Santiago de Cuba. Seis días le cayeron. El dirigente del MCL ha experimentado como pocos ese refinamiento de las técnicas represivas llevado a cabo por el castrismo en los últimos tiempos y que se caracteriza por multiplicar las detenciones cortas para minar la moral de los opositores.

    Lo que Morales todavía no había tenido el gusto de saborear era la represión preventiva; hasta la víspera del juicio a Ángel Carromero. Pese a la proximidad geográfica entre Puerto Padre y Bayamo, no tenía previsto estar ante el tribunal encargado de juzgar al joven español por su supuesta e hipotética responsabilidad en la muerte de Oswaldo Payá. Entre otras cosas porque sus estancias carcelaria le han producido una hipertensión crónica que se agravó a principios de octubre.

    El jueves día 4 -el 5 se celebraba el juicio-, en Puerto Padre, Morales comenzó su jornada acudiendo a casa de una responsable local de las Damas de Blanco que la había llamado porque uno de sus hijos llevaba varios días desaparecido y desconocía su paradero. Tras ayudarla a hacer unas gestiones, Morales se dirigió a casa de su hermano.

    -Nada más salir…

    -…me esperaba una patrulla de la Policía Nacional Revolucionaria. Recuerdo el número de chapa de uno de sus integrantes: 19961. Y también de la número de matrícula de la furgoneta; era el 447.

    Ese vehículo le transportó desde Puerto Padre hasta Las Tunas, capital de la provincia del mismo nombre. Su destino era la Unidad Provincial de Procesos Penales, lugar siniestro que ya conocía por ser el escenario de sus anteriores detenciones. “Sus condiciones de vida son infrahumanas”.

    Pero con novedades respecto de la última vez: estaban presentes agentes de la temible Seguridad del Estado, a los que distinguió porque iban de paisano. Llevaban cámaras para filmarlo todo. “Elemento nuevo que incorporan a sus formas represivas: nunca antes me lo habían hecho”.

    Farsa

    En cambio, sí que le resultaba familiar el pasillo por el que le condujeron hacia la habitación donde ledespojaron de sus pertenencias, justo antes de ser enviado al calabozo. Pero sigamos en la habitación. Nada más llegar, Morales vio como aparecía un agente, también de paisano, que dijo ser el instructor.

    -Le acusa de querer ocasionar disturbios durante el juicio a Carromero.

    -Eso es. Pero le digo que estaba en malas condiciones de salud y no se me había pasado por la mente asistir al juicio, que tampoco tenía dinero para pagar el billete, que todo es una farsa y que están intentando lanzar una cortina de humo para tapar lo que han hecho con Oswaldo Payá, sobre cuya muerte tenemos sospechas.

    -¿Sirvió para algo su protesta?

    -Para nada: me llevan a otra oficina más oculta. En el pasillo me encuentro con Roger Curbelo, otro miembro del MCL, también detenido.

    Este fugaz encuentro con su compañero es su última -y pequeña- satisfacción antes del calvario. Los tres oficiales que le llevan agarrado le depositan en otra habitación que ya conoce y en la que, comomedio de tortura y no de alivio, el aire acondicionado suele estar a tope. Ese día, curiosamente, no. Como si lo estuviera porque inmediatamente los sicarios de los hermanos Castro empiezan a dedicarle una catarata de insultos.

    Nada originales, por cierto: gusano, sabemos que cobras del Imperio…Pero Morales no se arredra: Les responde que son unos esbirros y unos terroristas que no tienen el valor de ir a conversar con los demócratas cubanos acerca de la situación que está atravesando el país.

    Más de lo que podían aguantar: el más joven del trío se abalanza sobre Morales, que cruza las manos detrás de la espalda – “nuestra opción siempre ha sido pacífica”-, y comienza a golpearle. “Le digo que puede matarme si quiere pero que no cambiará mi lucha por los pobres, por la libertad y por el pueblo de Cuba”.

    El agente reacciona con más golpes en la cara y en el pecho de Morales. Su ánimo está exacerbado. Da igual: el agente le coge por el cuello, se lo aprieta mientras los otros dos se le ponen encima, le baten contra el suelo y le inmovilizan. Las agresiones no han hecho más que empezar: le doblan las manos detrás de la espalda; también las piernas.

    Criaderos de mosquitos

    El que dice ser instructor sigue apretándole el cuello, esta vez de forma tan violenta que a Morales se le corta la respiración. Logra zafar su mano izquierda, con la que da unos golpes en el suelo para quejarse del daño que le están haciendo. En este preciso momento se produce la secuencia de humor negro: el que filma con la cámara se ríe y dice: “Mira que cobarde, está pidiendo perdón”. Morales se queda callado. Le vuelven a apretar todavía más fuerte, le aprietan de nuevo las manos y pierde el conocimiento.

    Cuando vuelve en sí, nota como le dan patadas con el empeine de sus botas. Sigue tirado en el suelo y con las manos esposadas. El de la cámara parece que disfruta con su bota: se la vuelve a pasar por encima de la cara en forma de chantaje y humillación. “Por lo menos, recobro poco a poco el aliento, el suficiente como para volver a increparles”.

    -¿Qué les dice?

    -Que son unos asesinos, bandoleros y terroristas y que Cuba va a cambiar para el bien de todos, incluso para el de ellos. Exigen que cese pero no puedo: estoy en rebeldía total.

    Para acabar con ella, los agentes le arrastran primero hasta la estancia donde estuvo anteriormente y luego hacia el calabozo, que Morales califica de estridente. “Estaba lleno de roedores y de mosquitos: No es una casualidad: en declaraciones que he escuchado de otros demócratas detenidos, ese insecto es una constante; como si tuvieran criaderos ad hoc para torturarnos”. Por si fuera poco,había poca luz, humedad y -a diferencia del primer lugar- se echaba en falta la ventilación.

    Allí, mientras siente un dolor atroz en la pierna, empieza a clamar por los derechos humanos. Como sabe que Curbelo está cerca, empieza a chillar: “¡Roger, que me están matando, denuncia ésto, que no quede impune lo que están haciendo!”. Al pasar delante de su celda, Curbelo -al que acababan de soltar- le dice que le va a dejar 30 pesos para volver a su casa. Una señal de que su libertad no está lejos. Efectivamente, los agentes se la anuncian.

    Pero se quedan con los 30 pesos de Curbelo y con una memory flash que Morales traía consigo. Además, le dicen que tiene que firmar su libertad y la devolución de otras pertenencias como suscalcetines y los cordones de sus zapatos. El opositor se niega: “Lo que me han hecho no tiene apego a la ley; es un secuestro. Por eso les digo que considero sus torturas como un intento de homicidio”. Respuesta de uno de los aludidos: “Ya te puedes ir, haz lo que quieras”.

    Se niegan a dar sus nombres. Morales: “Eres un cobarde, tienes miedo, aún estando en el poder dictatorial”. Por prudencia, no piensa acusarle ante la Fiscalía. “No vaya a ser que acabe siendo yo el acusado”. Fueron, en total, cincuenta horas de pesadilla en las mazmorras del castrismo en Las Tunas.

    Chapuza

    Ahora toca volver a su casa. Lo hizo gracias a la generosidad de quienes le recogieron en el camino. Dadas las condiciones de los medios de transporte en Cuba, tardó más de cuatro horas en recorrer la cincuentena de kilómetros que separan Las Tunas de Puerto Padre.

    ¿Final de la aventura? Qué va. Nada más llegar a su casa, comprueba como la Seguridad del Estado sigue merodeando por los alrededores. Cuando acude al hospital para que le curen las heridas, los policías ya lo saben. “En Cuba, Los hospitales y demás centros sanitarios grandes son lugares donde la Seguridad del Estado dispone de oficinas y de personal: pueden ser médicos, enfermeras, técnicos sanitarios o personal de servicio”.

    Como ya lo sabe y quiere que le curen, Morales se apunta al turno de espera para ser atendido por el ortopédico. Oh, sorpresa, es el único al que atienden pero los resultados del ultrasonido que le realizan tardan trece días en saberse. Una cuestión que debía ser urgente...Casi dos semanas que pasa en su casa, sin poder moverse, con su mujer haciendo prácticamente las cosas que habitualmente hace él.

    De vuelta al hospital, el primer diagnóstico dice que hay un derrame en la parte externa de la rodilla pero que no hay lesión. “Discuto el diagnóstico y acudo al médico que me atendió en primera instancia y dice que el tampoco está de acuerdo. Me manda a otro que a su vez delega en una doctora. Ésta, nada más ver el escáner, me confirma que tengo una fisura de diez milímetros en el menisco”.

    Le escayola la pierna afectada pero el yeso no se solidifica. “Me habían puesto algo así como una gasita”. Tanto glosar la sanidad cubana para llegar a esta chapuza. A día de hoy, Morales está algo más tranquilo si bien está viviendo de la caridad -la presión fiscal le impide seguir con su pequeño negocio- y en permanencia vigilado por la Seguridad del Estado. Pero toda esta acumulación de desgracias no le disuade de seguir luchando: “La liberación, tanto la nacional como la personal, es un deber moral”.

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