OSWALDO PAYA VIVE Por: Cristián Castaño Contreras

Oswaldo Payá Sandiñas murió. Murió en su patria Cuba bajo el manto de la bandera de nuestra patria latinoamericana. Murió sin saber nosotros todavía si nos lo mataron o solo murió por designios del destino para que  germinara la semilla sembrada por toda una vida de lucha. Murió para vivir en los corazones y en el alma de un movimiento libertario que está muy lejos de fenecer.
Sesenta años de una vida de trabajo y entrega por los ideales que movieron las almas de cientos de miles de personas en diversas partes del mundo fueron los años que nos dejó Payá físicamente, pero muchos más que nos legó en sus ideas y pensamientos que hoy consolidan una vía pacífica para transitar hacia un régimen de  libertad en nuestra hermana amada Cuba.
Nacido en la provincia cubana de La Habana, con su voz pronunciada casi con estribillos nasales, penetrante, sincera, martilló las frías y rígidas paredes del comunismo exaltando la no violencia y la lucha cívica como instrumento fundamental para la acción política. Siempre se resistió a las cadenas de la opresión. Desde adolescente se rebeló a integrarse a las juventudes pioneriles, base de formación ideológica y política del comunismo cimentado por Fidel Castro y dirigido a someter las mentes y los espíritus de  niños y jóvenes. En represalia, apresaron su cuerpo pero su alma siempre se mantuvo libre por las profundas convicciones cristianas de las que se alimentó desde el seno familiar.
Habiéndose formado como físico y como ingeniero en telecomunicaciones nunca dejó de trabajar en el taller que dió sustento a su familia a pesar de los golpes, el asedio y la persecución de la que fue objeto. Los espíritus libres siempre han sido una verdadera amenaza para cualquier dictadura y Payá fue ejemplo de esos espíritus libres que colapsan a quien solo está acostumbrado a responder con la violencia institucionalizada.
Ofelia, Ofelita como le decía él a su esposa, fue la compañera eterna con la que procreó tres hijos, familia siempre perseguida por el apellido que engendraba la amenaza hacia el poder de la violencia y las armas.
Con esas convicciones, Payá se aventuró a crear uno de los movimientos de oposición al régimen cubano más importantes que hayan existido y aun siendo de inspiración cristiana siempre se mantuvo como un movimiento no confesional y en el cual participaban ciudadanos de distintas ideologías y orígenes.
Su movimiento fue conocido en el mundo particularmente cuando amparado en el texto constitucional cubano impulsó el Proyecto Varela, en honor a uno de los personajes más relevantes de la historia cubana como lo fue Félix Varela, sacerdote, filósofo, escritor y uno de los forjadores de la patria cubana.
Bajo la figura libertaria y de cambio engendrada por la conciencia de Varela, Payá recabó las firmas necesarias para solicitar un referéndum al régimen buscando establecer el reconocimiento legal de derechos fundamentales como los de la libertad de asociación, la libertad de creencia, de expresión, de trabajo, entre otras garantías esenciales que han sido desaparecidas por el ogro antropófago en el que se constituyó el gobierno de la dictadura. En el contexto de dicho esfuerzo -dado que la constitución cubana preveía que dicho referéndum podría celebrarse con la presentación  de 10,000 firmas-, Oswaldo Payá recabó en primera instancia mas de 11,000 firmas para posteriormente presentar otras 14,000, todas de cubanos que sin miedo en el país del miedo y la opresión, se atrevieron no solo a plantar su firma o su nombre sino todos sus datos personales y por los que se les pudiera identificar, arriesgando su integridad y las de sus familias bajo la única protección del manto de la esperanza en el cambio que Oswaldo estaba impulsando con la histórica iniciativa.
Nunca antes se había expresado con tal contundencia el alma libertaria del pueblo de Cuba; nunca antes se habían atrevido tantos miles de cubanos a expresar aún con el miedo y la opresión propia ejercida por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) su voluntad de cambio ejerciendo además los propios instrumentos legales de la Constitución de su país; instrumentos que fueron por demás aplastados y mancillados por una Asamblea del Poder Popular que como caricatura legislativa enterró la iniciativa bajo toneladas de adjetivos, burlas y rencores de quienes no podían creer lo que Payá y su movimiento había logrado;  incrédulos ante la fuerza y el testimonio  de miles de cubanos exigiendo un referéndum considerado en la propia constitución cubana, para consagrar todos los derechos negados para todos por más de cinco décadas, no tuvieron más que optar por lo que siempre hace una dictadura: reprimir, usar las armas, ejercer la violencia para llenar su falta de inteligencia .
Por su testimonio y su trabajo de vida en la lucha cívica no violenta, el Parlamento Europeo le otorgó a Payá el premio Andrei Sajarov en el año de 2002;  galardón de los más  relevantes en la idea global de la defensa de los derechos fundamentales y  que lleva el nombre del notable científico físico nuclear de origen ruso que se rebeló ante el sistema soviético y su lucha armamentista y nuclear, clamando por la coexistencia pacífica entre la comunidad de naciones, razón por la que fue perseguido hasta su muerte.
Tuve la oportunidad de acompañar a Oswaldo en Estrasburgo sede del Parlamento Europeo para la entrega del premio Sajarov, concedido a quienes han destacado en el mundo por  su lucha en favor de la libertad de conciencia y los derechos fundamentales. Estando prohibido salir del país -si no es con permiso explícito de la dictadura-, Payá pudo salir de Cuba por intercesión del Papa Juan Pablo II y por el Presidente del gobierno español José María Aznar.
Una sola imagen de las muchas que conservo de él, me atrevo a compartir  para vislumbrar tan solo un pincelazo de la gran figura que representaba Payá: en plena ceremonia de condecoración siendo el turno de la palabra para el galardonado, ese hombre de perfil sereno siempre, amable siempre, langiducho y para cualquier observador, común y corriente, no podía hacer funcionar el micrófono que con la venia de la Presidencia de la Asamblea Europea se le concedía. Pasando varios segundos sin encontrar el mecanismo para activar el instrumento, algún asistente de la cámara le auxilió para ello. Entonces se escuchó esa voz tan característica del hermano Payá. El hombre de alma grande pidió disculpas a la asamblea vestida de gala para la ocasión, excusándose de su falta de pericia en el uso de micrófonos expresando con sarcasmo y noble humor que en su país, los disidentes a la dictadura no están acostumbrados al uso de dichas herramientas en tanto que aquél que disiente del totalitario no puede ni tiene derecho a  usar micrófono alguno,  generando con esas simples palabras, el aplauso generalizado de la audiencia.
Después de encontrarnos en Estrasburgo tuve la oportunidad de estar con Payá en su casa en la Habana. Ahí conocí a Ofelia su esposa y sus tres hijos así como a varios de los liderazgos del Movimiento Cristiano Liberación. En su pequeña casa, efigie de las casas que en cuba son símbolo de la precariedad, del descuido de los tiempos, del abandono del progreso; era impactante como en su seno, más que casa, era hogar vivo, repleto de convicciones y creencias, de fe y de esperanza. Le transmití entonces un mensaje que para él me había dado el entonces canciller Jorge Castañeda mientras  él gustoso y presto, apurado como al que le falta tiempo y vida para hacer cosas buenas, quería enviar mensajes grabados a muchos de sus amigos en el exterior expresando su gratitud y su esperanza en el futuro de su pueblo y de su tierra.
Payá sabía que nuestra presencia como nuestro actuar  dentro de la causa por la libertad de Cuba era de manera solidaria y fraternal con ellos que eran y siguen siendo considerados como nuestros hermanos, pero sin reemplazar jamás lo que a ellos y en general al pueblo de Cuba le corresponde en la lucha cívica no violenta y en defensa de los derechos fundamentales. Sabíamos que al gobierno cubano siempre le convenía vincular perniciosamente a cualquier movimiento o expresión solidaria hacia nuestros hermanos, con los intereses estadounidenses o propósitos oscuros de terceros y ya teníamos suficiente evidencia de como el totalitarismo es experto en desacreditar, manipular la información y mancillar las causas trascendentes. Un lema que entre muchos se forjaron en  varios años de fraterna solidaridad y que sintetizaba nuestra aspiración de reintegrar a Cuba entera, a su pueblo, a su alma, a su historia y su bandera al gran cuerpo latinoamericano era: “Ni Imperialismo ni Dictadura: Democracia para Cuba”.
Siempre nuestra acción solidaria se ha circunscrito en ser instancia de denuncia de las graves violaciones a las garantías que persisten en la isla y particularmente en contra de la oposición pacífica por ser considerada la más peligrosa por parte de los violentos. En ese contexto coincidimos con Payá en la necesidad de realizar por primera vez una conferencia de prensa con corresponsales extranjeros en la que anunciaríamos como mexicanos y como latinoamericanos, nuestro interés prioritario de mantenernos pendientes de la integridad de nuestros hermanos del movimiento dirigido por Oswaldo, quienes habían sufrido de diversas formas y en infinidad de momentos la coacción sicológica, física y moral por parte del gobierno así como de denunciar cualquier acción represiva en contra de ellos.
Con especial aprecio recuerdo a Regis Iglesias, sentado a un lado de esa mesa histórica instalada en un salón mas que vigilado y espiado del hotel  Meliá Cohiba, también junto a Oswaldo, donde por primera vez un grupo de mexicanos expresábamos nuestra coincidencia solidaria con la preservación de los derechos humanos en la isla, haciéndolo en la mismísima capital cubana. Regis, que se había convertido en uno de los liderazgos mas importantes de la nueva generación del Movimiento Cristiano Liberación y en vocero de la agrupación cívica debo decir, ha sido un valiente e inquebrantable  joven que desde temprana adolescencia quiso expresar su rebeldía a la dictadura escuchando a los Rolling Stones, tarareando Winds of Changes de Scorpions, dejando crecer un tanto su cabellera como su corazón, para ahora convertirse en uno de los relevos generacionales de las convicciones libertarias encarnadas en el pensamiento humanista trascendente.
Poco tiempo después de esos hechos y sometido al actuar de la brutalidad institucionalizada y de la sinrazón, Regis como otros luchadores sociales en la conocida ola represiva como la Primavera de Cuba, fue apresado en la prisión de kilo 8 y sentenciado a 18 años de prisión por el flagrante delito de pensar. Hoy tiene que vivir exiliado y lejos de  su patria pero siempre hermanado con las causas trascendentes e imprescriptibles de la vida como de  la dignidad humana, amando profundamente lo que se debe amar por el camino breve en que se convierte la existencia. Él ha sido uno de los principales motivadores de apoyar a Ofelia la viuda de Oswaldo, en su reclamo para que la comunidad internacional exija una investigación imparcial para determinar las causas del supuesto accidente en donde nos robaron la presencia física de nuestro hermano aunque sin poder robarnos su alma.
En el periplo que realizó al haber recibido el premio Sajarov, habiendo visitado Presidentes, Ministros y legisladores en Europa, Oswaldo quiso conocer nuestra Patria. Como fue su pretensión organizamos una agenda plural que permitió a Oswaldo encontrarse con diversos espectros de pensamiento filosófico, político y social. Su primer testimonio en tierras aztecas quiso darlo con una misa celebrada en el templo Guadalupano donde el ministro oficiante quiso concedernos la aventura de pasar a los mismísimos pies del manto sagrado del Tepeyac, donde con fervor Payá ofreció su visita en tierra fértil y siempre fraterna. En ese mismo templo y ante la presencia de la Madre mexicana, lo recordamos hace unos días tras su partida.
Días agitados, a veces interminables, siempre tensionados por las instancias mexicanas de seguridad; los brazos abiertos, el aprecio sincero por la causa y la intelectualidad aguda de Enrique Krauze, el interés sincero y el sarcasmo implacable en el diálogo profundo con Carlos Monsiváis, el tránsito y discusión a veces no tersa pero siempre franca con organizaciones sociales y de derechos humanos, con empresarios de diversas corrientes, la visita al Presidente Vicente Fox, el respaldo desinteresado y sin condiciones de Luis Felipe Bravo en tiempos en que no se le tenía miedo a defender las causas trascendentes  que le dieron vida a la gran  Acción Nacional, fueron solo algunas de las imágenes que Payá se llevó en su alma como energía vital de las tierras y del pueblo mexicano.
El día de su partida de regreso a la Habana, Oswaldo me encomendó entre tantas cosas recibidas en tan pocos días de su tránsito por los países en que fue recibido, algunos de los presentes y regalos que con cariño y generosidad le fueron entregados y que ya no cabían en su equipaje de lucha y peregrinar. Por descuido, Payá me dejó su licencia de conducir, con la dirección de siempre, en aquella casa de siempre, la que conocí cerca del Cerro. Ironía de la vida, tener la licencia de conducir de Oswaldo Payá; tal vez sea parte de esos mensajes que la vida te da para seguir conduciendo por los caminos de la libertad y de la dignidad; y si no hay camino, entonces con la licencia dada, tal vez construir el nuevo sendero por el cual valga la pena vivir.
582083_402465496477591_1585061951_nOswaldo Payá Sandiñas murió. Murió en su patria Cuba bajo el manto de la bandera de nuestra patria latinoamericana. Murió para vivir en los corazones y en el alma de un movimiento libertario que está muy lejos de fenecer.
Sesenta años de una vida de trabajo y entrega por los ideales que movieron las almas de cientos de miles de personas en diversas partes del mundo fueron los años que nos dejó Payá físicamente, pero muchos más que nos legó en sus ideas y pensamientos que hoy consolidan una vía pacífica para transitar hacia un régimen de  libertad en nuestra hermana amada Cuba.
Nacido en la provincia cubana de La Habana, con su voz pronunciada casi con estribillos nasales, penetrante, sincera, martilló las frías y rígidas paredes del comunismo exaltando la no violencia y la lucha cívica como instrumento fundamental para la acción política. Siempre se resistió a las cadenas de la opresión. Desde adolescente se rebeló a integrarse a las juventudes pioneriles, base de formación ideológica y política del comunismo cimentado por Fidel Castro y dirigido a someter las mentes y los espíritus de  niños y jóvenes. En represalia, apresaron su cuerpo pero su alma siempre se mantuvo libre por las profundas convicciones cristianas de las que se alimentó desde el seno familiar.
Habiéndose formado como físico y como ingeniero en telecomunicaciones nunca dejó de trabajar en el taller que dió sustento a su familia a pesar de los golpes, el asedio y la persecución de la que fue objeto. Los espíritus libres siempre han sido una verdadera amenaza para cualquier dictadura y Payá fue ejemplo de esos espíritus libres que colapsan a quien solo está acostumbrado a responder con la violencia institucionalizada.
Ofelia, Ofelita como le decía él a su esposa, fue la compañera eterna con la que procreó tres hijos, familia siempre perseguida por el apellido que engendraba la amenaza hacia el poder de la violencia y las armas.
Con esas convicciones, Payá se aventuró a crear uno de los movimientos de oposición al régimen cubano más importantes que hayan existido y aun siendo de inspiración cristiana siempre se mantuvo como un movimiento no confesional y en el cual participaban ciudadanos de distintas ideologías y orígenes.
Su movimiento fue conocido en el mundo particularmente cuando amparado en el texto constitucional cubano impulsó el Proyecto Varela, en honor a uno de los personajes más relevantes de la historia cubana como lo fue Félix Varela, sacerdote, filósofo, escritor y uno de los forjadores de la patria cubana.
Bajo la figura libertaria y de cambio engendrada por la conciencia de Varela, Payá recabó las firmas necesarias para solicitar un referéndum al régimen buscando establecer el reconocimiento legal de derechos fundamentales como los de la libertad de asociación, la libertad de creencia, de expresión, de trabajo, entre otras garantías esenciales que han sido desaparecidas por el ogro antropófago en el que se constituyó el gobierno de la dictadura. En el contexto de dicho esfuerzo -dado que la constitución cubana preveía que dicho referéndum podría celebrarse con la presentación  de 10,000 firmas-, Oswaldo Payá recabó en primera instancia mas de 11,000 firmas para posteriormente presentar otras 14,000, todas de cubanos que sin miedo en el país del miedo y la opresión, se atrevieron no solo a plantar su firma o su nombre sino todos sus datos personales y por los que se les pudiera identificar, arriesgando su integridad y las de sus familias bajo la única protección del manto de la esperanza en el cambio que Oswaldo estaba impulsando con la histórica iniciativa.
Nunca antes se había expresado con tal contundencia el alma libertaria del pueblo de Cuba; nunca antes se habían atrevido tantos miles de cubanos a expresar aún con el miedo y la opresión propia ejercida por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) su voluntad de cambio ejerciendo además los propios instrumentos legales de la Constitución de su país; instrumentos que fueron por demás aplastados y mancillados por una Asamblea del Poder Popular que como caricatura legislativa enterró la iniciativa bajo toneladas de adjetivos, burlas y rencores de quienes no podían creer lo que Payá y su movimiento había logrado;  incrédulos ante la fuerza y el testimonio  de miles de cubanos exigiendo un referéndum considerado en la propia constitución cubana, para consagrar todos los derechos negados para todos por más de cinco décadas, no tuvieron más que optar por lo que siempre hace una dictadura: reprimir, usar las armas, ejercer la violencia para llenar su falta de inteligencia .
Por su testimonio y su trabajo de vida en la lucha cívica no violenta, el Parlamento Europeo le otorgó a Payá el premio Andrei Sajarov en el año de 2002;  galardón de los más  relevantes en la idea global de la defensa de los derechos fundamentales y  que lleva el nombre del notable científico físico nuclear de origen ruso que se rebeló ante el sistema soviético y su lucha armamentista y nuclear, clamando por la coexistencia pacífica entre la comunidad de naciones, razón por la que fue perseguido hasta su muerte.
Tuve la oportunidad de acompañar a Oswaldo en Estrasburgo sede del Parlamento Europeo para la entrega del premio Sajarov, concedido a quienes han destacado en el mundo por  su lucha en favor de la libertad de conciencia y los derechos fundamentales. Estando prohibido salir del país -si no es con permiso explícito de la dictadura-, Payá pudo salir de Cuba por intercesión del Papa Juan Pablo II y por el Presidente del gobierno español José María Aznar.
Una sola imagen de las muchas que conservo de él, me atrevo a compartir  para vislumbrar tan solo un pincelazo de la gran figura que representaba Payá: en plena ceremonia de condecoración siendo el turno de la palabra para el galardonado, ese hombre de perfil sereno siempre, amable siempre, langiducho y para cualquier observador, común y corriente, no podía hacer funcionar el micrófono que con la venia de la Presidencia de la Asamblea Europea se le concedía. Pasando varios segundos sin encontrar el mecanismo para activar el instrumento, algún asistente de la cámara le auxilió para ello. Entonces se escuchó esa voz tan característica del hermano Payá. El hombre de alma grande pidió disculpas a la asamblea vestida de gala para la ocasión, excusándose de su falta de pericia en el uso de micrófonos expresando con sarcasmo y noble humor que en su país, los disidentes a la dictadura no están acostumbrados al uso de dichas herramientas en tanto que aquél que disiente del totalitario no puede ni tiene derecho a  usar micrófono alguno,  generando con esas simples palabras, el aplauso generalizado de la audiencia.
Después de encontrarnos en Estrasburgo tuve la oportunidad de estar con Payá en su casa en la Habana. Ahí conocí a Ofelia su esposa y sus tres hijos así como a varios de los liderazgos del Movimiento Cristiano Liberación. En su pequeña casa, efigie de las casas que en cuba son símbolo de la precariedad, del descuido de los tiempos, del abandono del progreso; era impactante como en su seno, más que casa, era hogar vivo, repleto de convicciones y creencias, de fe y de esperanza. Le transmití entonces un mensaje que para él me había dado el entonces canciller Jorge Castañeda mientras  él gustoso y presto, apurado como al que le falta tiempo y vida para hacer cosas buenas, quería enviar mensajes grabados a muchos de sus amigos en el exterior expresando su gratitud y su esperanza en el futuro de su pueblo y de su tierra.
Payá sabía que nuestra presencia como nuestro actuar  dentro de la causa por la libertad de Cuba era de manera solidaria y fraternal con ellos que eran y siguen siendo considerados como nuestros hermanos, pero sin reemplazar jamás lo que a ellos y en general al pueblo de Cuba le corresponde en la lucha cívica no violenta y en defensa de los derechos fundamentales. Sabíamos que al gobierno cubano siempre le convenía vincular perniciosamente a cualquier movimiento o expresión solidaria hacia nuestros hermanos, con los intereses estadounidenses o propósitos oscuros de terceros y ya teníamos suficiente evidencia de como el totalitarismo es experto en desacreditar, manipular la información y mancillar las causas trascendentes. Un lema que entre muchos se forjaron en  varios años de fraterna solidaridad y que sintetizaba nuestra aspiración de reintegrar a Cuba entera, a su pueblo, a su alma, a su historia y su bandera al gran cuerpo latinoamericano era: “Ni Imperialismo ni Dictadura: Democracia para Cuba”.
Siempre nuestra acción solidaria se ha circunscrito en ser instancia de denuncia de las graves violaciones a las garantías que persisten en la isla y particularmente en contra de la oposición pacífica por ser considerada la más peligrosa por parte de los violentos. En ese contexto coincidimos con Payá en la necesidad de realizar por primera vez una conferencia de prensa con corresponsales extranjeros en la que anunciaríamos como mexicanos y como latinoamericanos, nuestro interés prioritario de mantenernos pendientes de la integridad de nuestros hermanos del movimiento dirigido por Oswaldo, quienes habían sufrido de diversas formas y en infinidad de momentos la coacción sicológica, física y moral por parte del gobierno así como de denunciar cualquier acción represiva en contra de ellos.
Con especial aprecio recuerdo a Regis Iglesias, sentado a un lado de esa mesa histórica instalada en un salón mas que vigilado y espiado del hotel  Meliá Cohiba, también junto a Oswaldo, donde por primera vez un grupo de mexicanos expresábamos nuestra coincidencia solidaria con la preservación de los derechos humanos en la isla, haciéndolo en la mismísima capital cubana. Regis, que se había convertido en uno de los liderazgos mas importantes de la nueva generación del Movimiento Cristiano Liberación y en vocero de la agrupación cívica debo decir, ha sido un valiente e inquebrantable  joven que desde temprana adolescencia quiso expresar su rebeldía a la dictadura escuchando a los Rolling Stones, tarareando Winds of Changes de Scorpions, dejando crecer un tanto su cabellera como su corazón, para ahora convertirse en uno de los relevos generacionales de las convicciones libertarias encarnadas en el pensamiento humanista trascendente.
Poco tiempo después de esos hechos y sometido al actuar de la brutalidad institucionalizada y de la sinrazón, Regis como otros luchadores sociales en la conocida ola represiva como la Primavera de Cuba, fue apresado en la prisión de kilo 8 y sentenciado a 18 años de prisión por el flagrante delito de pensar. Hoy tiene que vivir exiliado y lejos de  su patria pero siempre hermanado con las causas trascendentes e imprescriptibles de la vida como de  la dignidad humana, amando profundamente lo que se debe amar por el camino breve en que se convierte la existencia. Él ha sido uno de los principales motivadores de apoyar a Ofelia la viuda de Oswaldo, en su reclamo para que la comunidad internacional exija una investigación imparcial para determinar las causas del supuesto accidente en donde nos robaron la presencia física de nuestro hermano aunque sin poder robarnos su alma.
En el periplo que realizó al haber recibido el premio Sajarov, habiendo visitado Presidentes, Ministros y legisladores en Europa, Oswaldo quiso conocer nuestra Patria. Como fue su pretensión organizamos una agenda plural que permitió a Oswaldo encontrarse con diversos espectros de pensamiento filosófico, político y social. Su primer testimonio en tierras aztecas quiso darlo con una misa celebrada en el templo Guadalupano donde el ministro oficiante quiso concedernos la aventura de pasar a los mismísimos pies del manto sagrado del Tepeyac, donde con fervor Payá ofreció su visita en tierra fértil y siempre fraterna. En ese mismo templo y ante la presencia de la Madre mexicana, lo recordamos hace unos días tras su partida.
Días agitados, a veces interminables, siempre tensionados por las instancias mexicanas de seguridad; los brazos abiertos, el aprecio sincero por la causa y la intelectualidad aguda de Enrique Krauze, el interés sincero y el sarcasmo implacable en el diálogo profundo con Carlos Monsiváis, el tránsito y discusión a veces no tersa pero siempre franca con organizaciones sociales y de derechos humanos, con empresarios de diversas corrientes, la visita al Presidente Vicente Fox, el respaldo desinteresado y sin condiciones de Luis Felipe Bravo en tiempos en que no se le tenía miedo a defender las causas trascendentes  que le dieron vida a la gran  Acción Nacional, fueron solo algunas de las imágenes que Payá se llevó en su alma como energía vital de las tierras y del pueblo mexicano.
El día de su partida de regreso a la Habana, Oswaldo me encomendó entre tantas cosas recibidas en tan pocos días de su tránsito por los países en que fue recibido, algunos de los presentes y regalos que con cariño y generosidad le fueron entregados y que ya no cabían en su equipaje de lucha y peregrinar. Por descuido, Payá me dejó su licencia de conducir, con la dirección de siempre, en aquella casa de siempre, la que conocí cerca del Cerro. Ironía de la vida, tener la licencia de conducir de Oswaldo Payá; tal vez sea parte de esos mensajes que la vida te da para seguir conduciendo por los caminos de la libertad y de la dignidad; y si no hay camino, entonces con la licencia dada, tal vez construir el nuevo sendero por el cual valga la pena vivir.

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