Oswaldo Payá: la victoria sobre el odio. Opinión de Alejandro Landero Gutiérrez
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“Podrán cortar todas las , pero
no podrán detener la primavera”
Pablo Neruda
Oswaldo Payá, profesor universitario de gran corazón, ciudadano comprometido con la verdad y defensor incansable de las libertades humanas, falleció el 22 de julio pasado en condiciones aún sin aclarar. Su entrega y su pasión por el ser humano lo llevó a romper el silencio y a denunciar los abusos del comunista cubano. Su propuesta se puede resumir en el profundo deseo de devolver al pueblo cubano, recuperando las libertades canceladas por un régimen que agoniza desde décadas atrás, pero que se resiste a morir; un gobierno que se sostiene en el pasado porque no es capaz de proponer un futuro.
La lucha de Payá comenzó a los 16 años cuando realizó el servicio militar cubano obligatorio. Fue ahí donde vivió por vez en carne propia las crueldades de la ideología castrista. En una ocasión, tuvo la osadía de negarse a transportar a un grupo de prisioneros, lo cual le valió ser trasladado en calidad de preso a la cárcel de la Isla de Pinos, (una de las más temidas del , construida por el dictador y ampliada por el dictador Castro) donde estuvo recluido durante tres años. Este hecho, en vez de amedrentar a Payá, detonó en él una misión humanista sostenida por una fe inquebrantable y por un compromiso generacional que lo resumía así: “Ante los jóvenes nos sentimos responsables de dejarles por herencia un país libre y reconciliado consigo mismo”.
Payá sufrió durante toda su vida múltiples vejaciones y amenazas del régimen. Pero no se dejó vencer por el miedo, ni tampoco fue derrotado por el odio. Oswaldo Payá aplicó la máxima filosófica de los pacifistas: “Frente al puño de la violencia, extender la mano y abrir el corazón”. Por eso su movimiento fue pacífico y reconciliador.
Payá enfocó su lucha en intentar transformar al régimen desde el propio régimen; utilizando el propio marco constitucional, buscó reformar la constitución. Así nació el llamado Proyecto , que no pudo ser señalado como resultado de una conspiración internacional, porque el proyecto nació de los mismos instrumentos que tiene la constitución cubana para ser reformada.
El Proyecto Varela busca plasmar en la máxima ley de Cuba derechos fundamentales como: el derecho a la libre expresión, a la libertad de , a la libertad de asociación, a la libertad de tránsito, a la libertad de culto y a la libertad de empresa, así como una amnistía para los presos políticos. Como bien decía Payá su reforma era una propuesta de liberación y de futuro para Cuba: “Esta vanguardia, este grupo que va adelante anunciando los derechos, anunciando el fin de la era del miedo, está luchando no por el poder político para un partido político, sino por una nueva etapa de libertad para todos los cubanos”.
Para lograr su objetivo, el Proyecto Varela logró recolectar más de 25 mil firmas (la Constitución pide 10,000) a fin de lograr acceder al referendo popular. A pesar de que el propio Oswaldo Payá presentó en 1998, 2002 y 2004 más de las firmas solicitadas, la Asamblea Nacional las rechazó en las tres ocasiones, congelando no sólo el proyecto, sino el futuro de los más de 11 millones de cubanos.
La lucha que Oswaldo Payá emprendió le valió múltiples reconocimientos internacionales entre los que destacan: el Premio Andrei Sarajov a los Derechos Humanos del Parlamento Europeo en 2002; el Premio Homo Homini en 1999; el Premio W. Averell Harriman por la Democracia en 2002; y el haber sido candidato en varias ocasiones al Premio Nobel de la Paz, además de diversos doctorados Honoris Causa.
El gobierno comunista no ha cambiado ni quiere cambiar. Human Rigths Watch reporta que aún con la virtual renuncia de Fidel, su hermano continúa con medidas de represión contra toda forma de disidencia política que van: desde hostigamiento hasta detenciones arbitrarias. Tan sólo entre enero 2010 y agosto 2011 se denunciaron 4,298 detenciones irregulares contra opositores de la ideología comunista.
Y como una muestra más de la podredumbre del régimen, el gobierno se atrevió a detener, sin respeto humano alguno, a más de cincuenta disidentes en medio del cortejo fúnebre que acompañaban el cuerpo del Payá.
No deja de sorprender que en pleno siglo XXI sigan existiendo regímenes de terror y odio como el de Cuba, pero tampoco deja de asombrar que en medio de ellos emerjan hombres valientes dispuestos a entregar su vida misma, en aras de construir una sociedad más libre y humana. Oswaldo Payá ha pasado a la historia, ha dejado una huella profunda de libertad y dignidad. Por ello, un día cuando Cuba vuelva a ser libre reconocerá a Payá como uno de sus más grandes y generosos hijos.
Publicado: 24 Agosto 2012 en Otros.
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