ACEPRENSA: Sobre Oswaldo Payá: ” Otros, en cambio, parecen preferir anclarse en el “no-diálogo/no-solución”, como Oswaldo Payá, Valga decir, por cierto, que Payá está en libertad

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“Otros, en cambio, parecen preferir anclarse en el “no-diálogo/no-solución”, como Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación y laico católico. …….Valga decir, por cierto, que Payá está en libertad, y que su percepción de la oportunidad no es seguramente la misma del que cumple una condena, o la del enfermo, ingresado en un hospital en la cárcel, que prefiere lógicamente pasar su convalecencia en casa o un centro de salud cercano.”

La nota oficial expresaba que habían intercambiado sobre “diversos temas de interés común, en particular el favorable desarrollo de las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado cubano, así como la actual situación nacional e internacional”. Y algunos detalles salieron a la luz en horas de la tarde, durante la rueda de prensa convocada en el arzobispado de La Habana: entre los temas abordados durante más de cuatro horas, estuvo la situación del grupo de presos “que algunos llaman de conciencia, otros llaman políticos, [a los] que oficialmente se les llama contrarrevolucionarios”, según precisó el cardenal Ortega ante la insistencia de una reportera.

Las autoridades cubanas aseguran que estas personas han sido debidamente juzgadas y condenadas en virtud de las leyes vigentes, por ser “agentes pagados al servicio de EE.UU.” para intentar desestabilizar el sistema político-económico de la Isla.

En la conversación con el jefe de Estado cubano no se habló de plazos concretos para eventuales liberaciones, pero el purpurado dio fe de que el tema de los presos “se está tratando seriamente”, y de que los contactos proseguirán. Como muestra de esta voluntad, citó al mandatario, quien les había asegurado: “Nos tendremos que encontrar en otras ocasiones y seguir adelante”. Los resultados de las pláticas se fueron viendo en los días siguientes, con el traslado de 12 de esos reclusos a cárceles cercanas a sus lugares de residencia, y la puesta en libertad de otro de ellos.

A FAVOR DE LOS PRESOS

Son signos interesantes. La Iglesia cubana, comprometida en la búsqueda del bien común, no forja una alianza con el gobierno –“la posibilidad de actuar en la sociedad, de servir a los hombres y mujeres que viven en nuestro país, no depende de un pacto social expreso o tácito de la Iglesia con el Estado”, ha señalado el cardenal cubano–, pero sí se emplea a fondo para bajar las tensiones y asume el rol de eficaz interlocutora.

Precisamente en torno a esos días, representantes de la jerarquía eclesial visitaron en el centro de la Isla al opositor Guillermo Fariñas, empeñado desde febrero en seguir una huelga de hambre con la exigencia de que se libere a una decena de presos que, según dice, se encuentran “gravemente enfermos”.

Inicialmente hostil al pronunciamiento de la Iglesia sobre lo evitable de la muerte –también por abstenerse de alimentos– del recluso Orlando Zapata, acontecida el 23 de febrero, Fariñas ha ido modificando su postura: ha recibido a los pastores que lo han visitado y le han pedido confiar en la gestión eclesial. Con el acercamiento de presos y la liberación ocurrida, el huelguista ha llegado a manifestar que “si ellos (la Iglesia) dicen que hay que tener paciencia, pues tengamos paciencia”.

SI EXCLUIR A OTROS INTERLOCUTORES

Otros, en cambio, parecen preferir anclarse en el “no-diálogo/no-solución”, como Oswaldo Payá, líder del Movimiento Cristiano de Liberación y laico católico. En un comunicado emitido el 17 de junio, dijo: “No es justo con el pueblo de Cuba, ni con la fiel y sufrida Iglesia, que algunos pastores acepten el papel de ser interlocutores únicos del gobierno, aceptando y practicando así la condición de exclusión que este impone”. “La disidencia –añadió– es mucho más que una temática que pueden tratar el gobierno y otros representantes sin escucharnos o considerarnos”.

Valga decir, por cierto, que Payá está en libertad, y que su percepción de la oportunidad no es seguramente la misma del que cumple una condena, o la del enfermo, ingresado en un hospital en la cárcel, que prefiere lógicamente pasar su convalecencia en casa o un centro de salud cercano.

Queda fuera de lugar cualquier “exclusividad dialogal” que se haya “atribuido” la Iglesia. Su objetivo expreso ha sido lograr un alivio o el fin del confinamiento de estas personas, y en ninguno de sus mensajes se descubre el tan extraño propósito de segregar a otros eventuales participantes.

“Creo que en ningún momento los obispos de Cuba, ni entre los obispos ninguno en particular, tengamos ese sentido de exclusión, como si fuésemos los únicos que estamos en estos momentos en disposición de realizar este tipo de conversación”, afirmó, citado por agencias de prensa, Emilio Aranguren, obispo de la oriental provincia de Holguín y presidente de la Sección Justicia y Paz, de la Conferencia de Obispos Católicos.

LA  MEDIACIÓN NO ES NUEVA

Por otra parte, si la actual etapa de diálogo Iglesia-Estado es acogida como novedad (por la diversidad de temas), no lo es tanto la intercesión a favor de los presos. Como recordó el Cardenal Ortega, ya en los años 80 salió de la cárcel buen número de ellos, gracias a la mediación de la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU., y partieron con sus familiares hacia aquel país, con pasajes pagados por la Iglesia. Más recientemente, en 1998, otros fueron liberados y emigraron, gracias a una petición del Papa Juan Pablo II durante su visita a la Isla. Incluso se han hecho gestiones, hasta hoy sin fruto, a favor de cinco cubanos encarcelados precisamente desde 1998 en EE.UU., tras haber infiltrado a grupos violentos en la Florida.

La Iglesia cubana, a la que el gobierno del presidente Raúl Castro –y esto es de subrayar– solicitó por primera vez su mediación para presentar una oferta a las Damas de Blanco (esposas de los presos procesados en marzo de 2003, que los domingos suelen caminar en grupo por una vistosa avenida capitalina), es consciente del rol que le ha tocado en este momento, y apuesta por el diálogo. De hecho fue ese uno de los tópicos dominantes en la recién concluida X Semana Social Católica, en la que académicos residentes en el país y otros emigrados, así como laicos de varias diócesis cubanas, convinieron en que, demográficamente, los grupos pro-diálogo en la orilla norte del estrecho de la Florida han ido ganando terreno. Las iras de antaño ceden.

DAR TIEMPO AL DIÁLOGO

Por eso la Iglesia pide –incluso a los medios de prensa– que se dé tiempo al diálogo, en el que unas áreas pueden ir concluyéndose mientras otras se mantienen en el tapete. Una disposición apoyada por la Santa Sede, cuyo secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti, visitó la Isla del 16 al 20 de junio y recibió una calurosa acogida por parte del gobierno. El canciller Bruno Rodríguez, preguntado sobre las pláticas entre las autoridades y la Iglesia local, apreció el “papel constructivo” de esta, y dijo ver “todas las condiciones para que (…) continúen estos fructíferos intercambios”.

Monseñor Mamberti les insistió a los prelados cubanos en mantener una actitud de escucha y respeto en el nuevo escenario. Para ellos, “si el proceso es vital, no se va a detener”, según aseguró monseñor Juan de Dios Hernández, obispo auxiliar de La Habana. Es justamente lo que desean los fieles católicos, y muchos otros cubanos de buena voluntad.

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